Sobre el principio de Le Chatelier.
Pensemos al universo como un sistema, Sofía, en el cual viene algo a irrumpir tu armonía forzosamente, y entonces justo en ese entonces, el sistema reacciona de forma opuesta para volver al equilibrio. En simples palabras, “el universo conspira a nuestro favor”, y lo más precioso es que somos parte del universo.
La calma, la simple calma de las cosas llega a su debido momento de una forma tan abrupta que no podemos imaginarla, y eso, es la armonía, ahora tenemos un sistema equilibrado. Pero de pronto también aparece una alteración, existen, son parte de todo todos los días, y habrá alteraciones tan imperceptibles de las cuales ni nos enteraremos, pero habrá otras también, aquellas que entren por una puerta destrozando toda nuestra calma, alejando toda nuestra sutil estabilidad. Y el equilibrio es tan frágil y a la vez maravilloso como una rosa, como un jazmín. El principio de Le Chatelier es real, se aplica en la química de sistemas en equilibrio, y no es casual que haya traído todas estas cosas hoy para contarte, de pronto un vaso con agua puede ser el sistema, y la presión, y la temperatura o las concentraciones de lo que sea pueden ser aquella patada. No le digas esto a ningún profesor de química porque podría llegar a matarme, pero a mí no me interesa tanto cuánta concentración y de qué hay en mi agua. Por eso quiero ir por más, y mi sistema, mi sistema es el universo, y el equilibrio es la calma de una tarde en invierno. Y un día se rompe, deja de ser tan constante como siempre había sido y se desintegra totalmente, el momento incierto, la lejanía de todo lo que habíamos conocido, y creemos, que no vamos a volver a la calma nunca más. ¿No es curioso como nosotros o el agua creemos lo mismo? Nos encontramos flotando en un vacío interminable, el universo que habíamos conocido comienza a desmoronarse en nubes de diferentes tonos de grises, ¿y las estrellas, y las galaxias, en dónde están?
No tengas miedo por sentir que nos sobrepasa el problema, a veces es cosa de la edad, y en otras es simplemente cosa de la vida. Ahora tenemos un desequilibrio total, y entra en juego nuestro sistema, que te recuerdo, era el universo.
El universo va a reaccionar en sentido contrario al cambio, no es magia, no, esto no quiere decir que si te caes al piso y te partís un hueso vas a volver en cámara inversa para curarte, es verdad que tu equilibrio era ver a tu brazo sano totalmente, pero esto tampoco funciona así. La calma era tu brazo común y corriente, el desequilibrio la caída, y el resultado la alteración y un bonito yeso donde dibujaste ciertas cosas. ¿Entonces qué es el equilibrio realmente sabiendo que tu brazo llevará la marca en medio del hueso por siempre? La marca estará ahí, incluso cuando no la puedas ver. El problema está en creer que hay solo un equilibrio y que el sistema no hace nada.
Es increíble terminar por notar que cuando nos encontremos en calma de nuevo será quizás distinto, la calma, la armonía o el equilibrio en sí va a tener miles y miles de variantes. Entonces en este punto donde te estabilizaste de nuevo, me gustaría preguntarte ¿qué creés que pasó? Y ahí vengo nuevamente a resaltarte, que nosotros, Sofía, somos parte del mismo universo que hoy nos dio la mano.
Creemos en que la calma existe incluso antes de tenerla por primera vez, la admiramos, la deseamos, nos pasamos observando a quienes la tienen desde lejos. Y un día llega, nos abrazamos a ella como si fuese lo único que hubiésemos conocido, agradecemos, miramos un poco de reojo a quienes no la tienen porque no la conocen o la dejaron en el camino (así de egoístas somos), y la perdemos, la perdemos sin saber que del otro lado podemos encontrar otra mejor. Un día un hombre llegó a la cima de la montaña en última posición de una competencia, se paró cerca de la cima más alta, de la piedra más llamativa, y dice la historia que a los cuatro vientos gritó: “te amo”, y al cabo de unos pocos mili segundos el eco le susurró un: “yo también”. Aunque otros afirman que de todos los competidores, mi querido amigo fue el único que no había gritado. Previo a la cima hay una escalada caótica, estremecedora, aberrante, y las primeras instancias de la subida van a ser un infierno que delicadamente se ira acomodando a medida que nos vemos cerca del cielo, previo a la cima entonces hay un esfuerzo, ¿y del otro lado qué hay? No importa tanto, podemos bajar rodando, caminando, o en un helicóptero de rescate, lo importante es que en la cima del esfuerzo la montaña nos devuelva aquel “yo también” por más que ningún otro pueda escucharlo.
– El universo conspira a nuestro favor. – susurró Sofía.
– Y no es para nada torpe. – comenté. – En el medio de una ciudad apocalíptica, vuelve de un día desgastante un hombre, abre la puerta y la ve sentada a la niña cantándole a la luna; aquel hombre debía saber que probablemente habría millones de lunas para miles de planetas en medio del universo. Pero justo en este instante, como la nuestra no había ninguna. ¿Entendés la magia de todo esto?
– Sí, pero no entiendo qué tiene que ver esa situación con el universo.
– La concepción, para la ciencia sólo habrá sistema que acomode alguna concentración o alguna que otra variante. Para la poesía, no habrá restricción.
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