Encendiste con tu presencia cada oscuridad.
Sumaste tus mundos, tus caminos, tus veredas,
para que pudiera encontrarme.
Me agarraste la mano, no me soltaste a pesar del abismo,
a pesar de que la lejanía era inevitable.
Deshiciste mis puertas, mis muros, mis límites;
llegaste para habitar mis adentros,
para hacer florecer mis desiertos.
Aprendiste a amar mis silencios y alborotos.
Me diste tus certezas cuando las dudas me acorralaban.
Me recataste del naufragio.
Y con alevosía te quise;
mi corazón lo hizo adrede,
porque sabía que personas así, como tú,
es imposible no quererlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario