Alguien que nos acompañe en silencio mientras el mundo no deja de girar ni de arder. A quemarropa. Independientemente a dónde nos lleve la vida e independientemente en dónde queramos estar mañana. Que comprenda que somos seres inestables, lo que hoy queremos, mañana posiblemente lo tiremos a la hoguera. Y que, incluso así, nos quiera. Que nos quiera tanto y a una distancia tan cercana, que sienta nuestro fuego y que no le importe tener quemaduras. Yo qué sé, chicos, sería bonito que alguien nos esperara, incluso cuando se nos ha hecho demasiado tarde y no haya nada, ni premio, ni felicitaciones, ni consolación. Pero que esté ahí, en la meta. Y entender que eso posiblemente sea a lo más alto que podemos ascender en la vida: tener a ese alguien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario