Fue mirarte y comprender en ese instante que el amor eterno existe, fue hacer un trato y firmarlo con una sonrisa, con esa primera sonrisa que me diste, fue mirarte y comprender que también me habías reconocido, tanto tiempo sin poder vernos, sin poder tocarnos que, al escucharme decirte “hola” se iluminó por completo ese tierno rostro. Ese día comprendí que siempre estaría para ti, que tu y yo seríamos inseparables, que el mundo se daría cuenta de nuestro amor, y que nuestra complicidad nos llevaría a estar más unidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario