No sé si fue por masoquismo, pero volví a tocarme heridas viejas. A recordar los adiós, a de nuevo hacerme preguntas. A querer regresar, a abrazar ausencias y despedidas. A llorar los adiós, los que nunca me leen y los que alguna vez lo hicieron. A mirarme los espacios y errores. A lamentarme las decisiones y a romperme de a poco por lo que no sucedió.

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