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Una histeria innecesaria así como descabellada abandoné cuando te vi. Sentí estragos en el pecho del más loco frenesí. Abundancia de promesas, y una súplica de ayuda para ir juntos a la luna.
Pasional como sutil me arrebataste el cielo y lo adornaste, y con el tiempo me enseñaste qué es el amor, y que en la cama no hay restricción. Hoy sé que no debe existir placer como admirarte reír. Nunca va a haber otro hombre que me ame así.
Si ves que hago todo a prisa vas a ver una sonrisa cuando esté por concluir. Lo hago para estar más tiempo donde siempre soy feliz: en tu espalda, que este día, ha de ser andén del tren que me lleva hasta el edén.
Y yo voy a sonreír mientras las sábanas que cubren nuestros cuerpos, no dejen escapar el fuego que se encendió por nuestras pieles haciendo fricción. Arraigados de pasión: tendré que enterrarme en el sol para volver a sentir ese calor.
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