sábado, 12 de julio de 2014


Una histeria innecesaria así como descabellada abandoné cuando te vi. Sentí estragos en el pecho del más loco frenesí. Abundancia de promesas, y una súplica de ayuda 
para ir juntos a la luna. 
 Pasional como sutil me arrebataste el cielo y lo adornaste, y con el tiempo me enseñaste qué es el amor, y que en la cama no hay restricción.  Hoy sé que no debe existir placer como admirarte reír. Nunca va a haber otro hombre que me ame así. 
 Si ves que hago todo a prisa vas a ver una sonrisa cuando esté por concluir. Lo hago para estar más tiempo donde siempre soy feliz: en tu espalda, que este día, ha de ser andén del tren que me lleva hasta el edén. 
 Y yo voy a sonreír mientras las sábanas que cubren nuestros cuerpos, no dejen escapar el fuego que se encendió por nuestras pieles haciendo fricción. Arraigados de pasión: tendré que enterrarme en el sol para volver a sentir ese calor.


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